Reflexiones y noticias sobre la aplicación de la Filosofía a los diversos contextos ciudadanos del siglo XXI: desde las consultas filosóficas a la filosofía en la cárcel

martes, 16 de diciembre de 2008

Resumen de la conferencia del profesor Mora


Nos sumamos a la afirmación que hiciera el profesor José Luís Mora en su conferencia: “Blas Zambrano no sólo debe ser estudiado como padre de María Zambrano sino «como él mismo» porque posee valores que le son propios”.
Sin duda alguna, María Zambrano estaba equivocada cuando aseveraba que su padre había publicado pocos escritos. La labor de búsqueda y compilación de nuestro conferenciante en el libro Artículos, relatos y otros escritos de Blas Zambrano, da cuenta de ello.
Blas Zambrano nace en Segura de León, en Extremadura, en 1874. Procede de una familia de propietarios venidos a menos, lo cual le condujo a una experiencia dual que combinaba su ascendencia burguesa y el contacto con el proletariado. Esto será patente en toda su obra, pues busca el ascenso social del obrero a través de la cultura. Esta mezcla será también patente en los libros de su hija María. Así lo cuenta José Luís Mora.

En el nacimiento mismo estaba ya el fuerte contraste entre los ideales del tiempo pasado de propiedades rurales, la “Arqueópolis de encinas milenarias” y sueños de reformas religiosas, de “catolicismo muy cristiano”, y los nuevos tiempos de mudanzas y transformaciones. Es difícil entender a don Blas y a los Zambrano, incluida la propia hija, sin la referencia a estos orígenes donde se vivían, al tiempo, las glorias recordadas y las tragedias sufridas
[1]

Las fases de su vida son siete, de las que glosó cinco el profesor Mora.
La primera, la vivida en Alájar, ofreció a Zambrano la posibilidad de conectar con el anarquismo y con líneas religiosas heterodoxas a través de su padre Diego Zambrano. Precisamente, la enfermedad de éste último impidió que el joven Blas estudiase Filosofía, quedando sólo en Magisterio. Quien sí la estudió fue su hermano, que recalaría en una farmacia granadina, cuyas puertas permanecen abiertas casi un siglo después con el rótulo “Farmacia Zambrano”. Su periodo en Sevilla le permite contactar con intelectuales relacionados con la Institución Libre de Enseñanza, los ideales krausistas como Simon Fons, Urbano González Serrano, Pedro Alcántara, Manuel Sales y Ferré o Federico de Castro. El impacto de la ciudad en su vida se ve reflejado en uno de sus relatos, donde sitúa a una de sus protagonistas entrando por la ancha calle Castilla, traspasando la calle San Jorge o llegando a la Plaza Nueva.
La tercera fase de su vida, la de Granada, fue una de las más intensas. Culminada su formación se lanza a la generación de La obra, institución de carácter socialista (aunque no política) en que se escanció el ideal zambraniano de la educación como medio de desarrollo del obrero. Cuenta Mora que allí se formaba a obreros con escasa formación y no sólo en temas de escasa complejidad, sino que contaron con personalidades y conferenciantes que llenaron salas con más de mil personas. La obra contará con libros e instrumentos pedagógicos de los que hacían uso personas de todos los niveles sociales. Aventura Mora que tal anhelo fuera por un espíritu, hoy perdido, en el que la construcción personal del individuo era uno de los débitos esenciales hacia uno mismo.
Será también aquel el lugar del nacimiento del periódico X. Éste desarrollaba los ideales liberadores (no liberales) zambranianos y llegó a ser motivo de conflicto con otros de los periódicos granadinos: El triunfo. Las disquisiciones llegaron a encontrar fricción con el alto clero, al punto de acusar a Blas Zambrano de anticristo. Mora se pregunta por las razones de la violenta respuesta a los escritos de Zambrano, puesto que éstos no perseguían el combate a campo abierto. De hecho, son conocidos algunos de sus artículos que se negaban a la idea de la lucha abogando más por la solidaridad.
La cuarta etapa se inscribe en Vélez-Málaga, lugar de nacimiento de María Zambrano. No estuvo allí mucho tiempo, aunque es recordado como un buen maestro. Esto lo confirman los diversos premios y reconocimientos que recibe: “hasta estuvo propuesto para la obtención de la cruz de Alfonso XII que finalmente no le fue concedida por no llevar quince años de servicios”
[2]. De aquella época data un escrito donde recomienda la educación moral del alumnado. Para ello, no es suficiente con transmitir contenidos sino responsabilizarse con el alumno y hacerlo consciente del interés del maestro por su discípulo, que sepa que se apena cuando el discípulo no se comporta de modo adecuado.
La cuarta etapa será la de Segovia. Él intentó hacer ciudad, es decir, fomentar el encuentro entre los segovianos usando como medio, nuevamente, la cultura. Será el periodo de la Universidad Popular Segoviana, de la tertulia con Antonio Machado, de sus publicaciones en Castilla y de su desafección política por las injusticias caciquiles que veía.
Por último, Madrid es su época final. Colmataría allí lo que había hecho toda su vida. Imparte conferencias y clases, pero su actividad se va amenguando progresivamente
[3].
Uno de los temas esenciales en Zambrano son las ideas de la alteridad y de la españolidad. Para el maestro de Extremadura, el sujeto sólo se constituye desde la mirada del otro, de ahí su necesidad de compromiso con lo demás, de lo cual dejaría huella en Granada y en Segovia. En este sentido, era importante “hacer ciudad” y hacer estado. La integración del otro no respondería sólo a un altruismo desprovisto de beneficio personal sino que implicaba una demanda que surgía de la propia creación de la identidad como sujeto social o de la creación de la dimensión social del sujeto.
Asimismo, Zambrano se inscribe en el modelo de personas para los que las palabras y el ser deben coincidir, de ahí su coherencia a lo largo de toda su vida. Por tanto, su vida era reflejo de sus obras y viceversa. Los discursos encendidos o apasionados no se circunscriben a un mero colorido de retórica artificial sino a una vivencia comprometida con el mundo que le rodeaba.
Esto último le conduce al concepto de “razón unitaria”, que se corresponde con la “razón poética” de su hija. Don Blas comprende que más allá de la reducción moderna de la racionalidad hay un concepto que trasciende sus fronteras y permite alzarse a conocimientos latentes, palpitantes y vitales. Razón de ello será que camine por distintos géneros literarios: ensayo, diálogo filosófico y novela. Razón unitaria que descansa en una razón compasiva (y profundamente española) tal y como recogemos de un articulo suyo en que se queja de las imposiciones a Alemania durante la I Guerra Mundial.

Si el español representa algo en el mundo, es su viril rendimiento a la razón práctica, su idolatría de la diosa Temis, a quien, si alguna vez vuelve la espalda, es para ponerse de parte del caído, así sea un galeote
[4]
[1] MORA GARCÍA, J.L.: “Blas J. Zambrano”, Ateneistas ilustres II, Madrid, Ateneo de Madrid, 2007. Pág.742.
[2] Ibidem. Pág. 755.
[3] Cfr. MORA, J.L.: “Introducción” en ZAMBRANO, B.: Artículos, relatos y otros escritos, Diputación provincial de Badajoz, Badajoz, 1998. Pág. 19.
[4] ZAMBRANO, B.: Artículos, relatos… Págs. 235-236.

Resumen realizado por José Barrientos. Foto remitida por el Profesor José Luís Mora.

http://filosofia-aplicada.blogspot.com

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